"Ahora es el momento de que todos trabajemos hacia nuestra conversión personal, de que lleguemos a ser lo que nuestro Padre Celestial desea que lleguemos a ser. Al hacerlo, debemos recordar que nuestras relaciones familiares, aún más que nuestros llamamientos en la Iglesia, son el entorno donde se producirá la parte más importante de ese desarrollo.
La conversión que debemos alcanzar requiere que seamos buenos esposos y padres, o buenas esposas y madres. El ser un destacado lÃder de la Iglesia no es suficiente. La exaltación es una experiencia familiar eterna y las experiencias familiares terrenales que tenemos son la mejor manera de prepararnos para ella."
(Élder Dallin H. Oaks, Liahona enero 2001, pág.41)